04 POR GUACHA Y POR PUTA ME HICE ROMPER EL CULO

Ya llegaban las fiestas y en los primeros días de Enero, mis viejos y yo nos íbamos a Punta del Este por 15 días. A mi novio no lo vería hasta la 2da mitad de Enero.

Mis planes eran hacer playa, tomar bastante sol y aunque ya estaba de novia, si se daban las oportunidades, franelear un poco con algún (o algunos) guachos que me gustaran.

Pero, nunca hubiera imaginado la loquísima experiencia que iba a vivir. 

Cuatro o cinco días después de llegar me encontré con unas amigas y quedamos para al otro día ir juntas a Solanas. 

Como todas dormíamos hasta tarde, y ellas se estaban quedando en la parada cinco, arreglamos que a eso de la una yo estaría en su casa. 

Partí pasadas las doce, como hacía siempre , me puse una recatada malla de baño para conformar a mis padres. Pero, en mi bolso de mano llevaba una de las putísimas mallitas que me había comprado con mi novio.

En casa de mis amigas cambié el look, poniéndome mi putísima mallita. 

Al ser de hilo, se pegaba a mi cuerpo sugestivamente. 

Arriba ocultaba apenas mis firmes y exuberantes tetas, y mis pezones casi traspasaban aquel fino tejido. 

Si arriba mi mallita era escandalosa, abajo no se quedaba atrás. Por delante un pequeño triangulito cubría apenas mi rajita y detrás un fino cordón se enterraba en mis nalgas. 

Cuando salía del agua, la malla que seca se adhería a mi cuerpo, mojada me dejaba como desnuda. 

Tan provocativa era mi mallita y tan buena quedaba yo con ella, que una de mis amigas (muerta de envidia) me dijo... 

-“Sos una calienta braguetas”...

Hicimos dedo unos minutos y nos fuimos a Punta Ballena. Disfruté unas lindas horas de sol, tirada en la arena, bañándome cada poco rato, para luego bien mojada salir a caminar y ver algún machito. 

Sin imaginar lo que disfrutaría después, pasé una tarde a full. 
En la tardecita salimos a la ruta y otra vez hicimos dedo para volver. 
Casi enseguida nos paró bruto Mercedes, me arrimé, el conductor era un veterano de unos cincuenta años con una pinta bárbara de viejo verde, él a la vez que se ofrecía a llevarnos me hizo una discreta seña para que me sentara adelante. 

El interés que el tipo, cancheramente me mostró, para que fuera junto a él, me provocó unos chuchitos de excitación. Fantasías de guacha pensé.
Trepándome sin más preámbulos me estiré en la lujosa butaca delantera mientras mis amigas se acomodaron atrás. 
Llevábamos unos pocos minutos de viaje cuando percibí unos movimientos del tipo. Miré de reojo y me llevé una sorpresa de novela. 

Se había abierto la bermuda que llevaba puesta y sacado la pija para afuera. Y no solo la tenía bien dura, sino que hasta entonces, yo nunca había visto, ni en revistas, una verga de ese tamaño. 

No pude evitar que mi asombro fuera evidente, imagino que mis ojos deben haberse abierto exageradamente porque el tipo me miró con una sonrisa sobradora y bajando la mirada hizo un gesto invitándome a mirarla nuevamente. 

A partir de ahí entré como en trance, hacia adelante miraba muy de vez en cuando. 

No podía evitar seguir mirándola... Ya estaba calentita y con ganas de agarrársela. 

En aquel tiempo yo solamente había visto la pija de mi novio y aquel pedazo de verga era más grueso que mi muñeca y muy, pero muy largo.  

Era tres o cuatro veces más grande que la de mi novio, ya no soportaba las ganas de agarrársela, justo como leyéndome el pensamiento, el loco movió el espejo para que mis amigas no pudieran ver nada y tomando mi mano la llevó hasta su pija…

…o más bien su pijón. 

Mi mano no alcanzaba a rodeársela, me faltaba pila, por eso digo que era más gruesa que mi muñeca...

Empuñando aquel enorme pedazo de guasca, sintiendo los relieves del montón de gruesas e hinchadas venas que lo adornaban, mis pezones se endurecieron, mi excitación en ese momento era más bien una brutal calentura. 

Sentí la concha mojada y al mirarme me dio vergüenza, la tenía tan ensopada, eran tantos los jugos que mi calentura me hacía largar, que mi minuscula tanguita no los contuvo y traspasando el pareo que intentaba cubrir mi putísima mallita, mis caldos habían formado un redondo charco en el tapizado de la lujosa butaca...

En un susurro dije...

-Perdón ...

Su gesto canchero y comprensivo hizo venir a mi mente el hecho de que el tipo era un veterano… Y enseguida recordé a Mirtha aconsejándome que la primera vez procurara hacerlo con un hombre mayor. 

Me dije... "No le hiciste caso... Debutaste con un guacho menor que vos ... Aprovechá ahora"...   

Y empuñando aquel tremendo pedazo de verga no pensé ni un segundo más en mi flamante novio. 

A pesar de mi corta edad y mi poquísima experiencia, no me cruzaron temores ni dudas, me sentía dominada totalmente por una desesperada necesidad de estar bien ensartada por aquel vergón. 

Llegamos a la casa de mis amigas, al detenerse, el loco se cubrió la guasca con una revista, yo sin él decir nada, le pregunté en voz alta si seguía hasta el centro, (recuerden que mis amigas vivían en la parada cinco). 

Pienso que mi actitud le sacó al veterano, cualquier duda que pudiera tener por mi edad. 

Pues también voz alta (para que lo escucharan mis amigas) me respondió que sí, que él iba hasta el final de Gorlero.

Entonces me despedí de mis amigas, diciéndoles que me iba ya que tenía un poco de dolor de cabeza, (otra que dolor de cabeza, el único dolor que seguro me harían sentir, iba a ser muy diferente). 

Estaba resuelta, quería hacerme garchar por aquella brutalidad de pija, que me asombraba, pero ya no me asustaba. 

Recuerden tenía 15 añitos, una mantequita, tetona y calentona.


Un manjar que se le estaba regalando. 

Apenas arrancamos el tipo me tomó de la nuca y llevó mi boca derecho a su verga, la tenía tremendamente dura, el pedazo que lograba meterme en la boca se lo sentía palpitar y me palpitaba la concha. 

Siguió manejando y yo no levanté más la cabeza, iba prendida de su verga chupándola como loca, a la vez que intentaba calcular el tamaño. 

Su grosor hacia que al empuñarla, mi mano no alcanzara ni cerca para rodeársela, de larga ponía las dos manos y aún me sobraba un trozo de pija y la cabeza (como para poner una mano más si hubiera tenido). 

Recaliente calculé más de 25 centímetros de guasca, pero le estaba errando por lejos, después bien medida resultó tener  29 atemorizantes centímetros, nunca hubiera creído que pudieran existir pijas tan largas y tan gruesas, me corrían chuchos por el cuerpo. 

Pero ningún miedo y mucho menos dudas, yo me iba a comer aquel cipote aunque me partiera al medio. 


Cuando paró el auto, me enderecé y ahí sí me corrió un temblor de miedo, pero, miedo de perder la oportunidad de hacerme coger por aquel pijón. 

El tipo había entrado al garaje del edificio donde él vivía, pero resulta que era el mismo edificio donde estaba viviendo yo con mis viejos.

Quizás por temor o simplemente por la calentura que dominaba mi cuerpo y mis razonamientos haciéndome ignorar peligros o miedos, con mi mente puesta solamente en hacerme coger. 

Sin soltar la verga, ensopada de caliente, lo miré casi implorando y le dije…

-Aquí también vivo yo con mis viejos... -Si alguien me ve puede armarse cagada... Pero, enseguida dije... 

-“Si te parece peligroso y no tenés otro lugar donde llevarme, aunque sea cógeme aquí en el auto”...

Estaba desesperada por comerme el vergón, no podía aceptar la posibilidad de perdérmelo. 

Por suerte antes de caer más bajo y terminar pidiéndole que esperara la noche para garcharme en la playa. 

Él veterano también caliente, viendo mi desesperación por comerme su verga, acariciando mi cabeza que subía y bajaba pues yo había vuelto a chuparle la guasca y no paraba de mamársela, me tranquilizó diciéndo que iba a fijarse y si no andaba nadie me haría señas. 

Al verlo hacer señas, salí casi al trote con mi tanga ensopada y mi concha caliente. Tan alzada estaba que no pensé que al ir subiendo en el ascensor, correría el riesgo de que éste parara en el piso de mis viejos y ellos justo lo estuvieran esperando. 

O que me viera el sereno garaje, un petiso asqueroso y chusma...  (recuerdénlo)...

Pero otra vez me acompañó la suerte ya que el veterano vivía en el penthouse del edificio, por lo que su ascensor subía directo sin parar en ningún otro piso. 

Al sentirme nuevamente libre no tardé un segundo en estar nuevamente arrodillada y prendida de la verga que ahora no me quedaban dudas de que me iba a coger. 

Ni se me pasaba por la cabeza lo que pasaría al rato. Entramos al apartamento que ocupaba todo el piso y me llevó de tiro rumbo al dormitorio, tenía una cama enorme y varios espejos en el techo. 
Me empujó para que me acostara, mientras él ponía música. 

Yo era una guachita pero nunca fui tonta, al ver al volúmen que ponía la música me dije a mi misma, corriéndome chuchitos en la concha... 

-¡¡¡A la mierda... subió el volúmen para que no se sientan mis quejidos cuando me esté garchando!!! 

Pensaba que mi concha iba a sentir algún dolor por lo menos en los primeros momentos, pues repito que hasta ese día solo me había entrado la pija de mi novio, que no alcanzaba a ser la mitad de larga y ni hablar del grosor. 
El tipo me quitó el pareo apenas con un tirón, con otro la malla, me abrió las piernas y empezó a chuparme la concha. 


Aquella lengua y sus dedos me hicieron gozar y  me acabé toda.

Le miré la guasca, estaba recontra parada y con aquel tamaño les juro que asustaba, pero yo sentía a mi concha preparada para comérsela. 

De pronto el loco me dio vuelta y me puso  en cuatro patas, apenas me acomodé, sentí que escupía y al girarme vi que volvía a hacerlo en su mano. 

Después sentí su mano que extendia la saliva en , lo miré diciéndole 

-Nunca me han cogido el culo. -Ni siquiera mi novio... Agregué.
-Y con esa cosa que tenés me va a doler montones...

Mientras me levantaba un poco las caderas para que le parara bien el culo, me respondió...

-No te preocupes nenita... 

-Vas a ver que duele un poquito al principio, pero después vas a gozar como no te lo imaginas. 

Le dije...

-Pero, ¿Si te digo que me duele mucho vas a parar?... 

-Guachita no tengas miedo no te estoy engañando vas a ver cómo te va a gustar y lo que me vas a pedir va a ser más pija. 

Yo tenía miedo de verdad, mi culito era virgen y el tipo tenía una pija como nunca hubiera imaginado que hubiese. 

Pero ya estaba jugada y además recaliente así que le paré el culo y me mordí los labios. 

Me tanteó un poco con sus dedos que primero los mojó en mi concha ensopada. 

Noté que estaba metiéndome dos dedos, mi culo los estaba aceptando y no me dolía.

Me iba envalentonando, pero era una guachita inexperta, no sabía la que me esperaba. 

Cuando su cabeza empezó a intentar entrar temblé de miedo, la cabeza era mucho más grande que mi agujerito... me lo iba a partir… y le acerté pues apenas me la acomodó me dio un guascazo enterrándomela hasta la mitad por lo menos, yo no aguanté y largué un grito. 

Él se quedó quieto y dijo... 

-Tranquila guachita, ahora yo me quedo quieto y te apuesto que vas a ser vos la que de a poquito te irás abriendo y buscando que te entre más.

No sé si porque se quedó quieto o por las cosas que iba diciéndome, pero empecé a sentir que se me pasaba el miedo y a la vez mi culito se abría, ya no me dolía y de a poquito comenzaba a gozarla. 

Y tal como el vergudo había dicho, fui yo la que empecé a buscar que su tranca fuera entrándome cada vez más. 
Mi culo se estaba tragando aquella bruta verga y a pesar de sentir su guasca en el ombligo, mi ojete había perdido el miedo y la vergüenza y me largué a hacérmelo coger bien cogido. 

Nunca me lo hubiera imaginado, y menos aún con un pijón como ese. 

El tipo seguía quieto dejando que me fuera cogiendo el culo yo solita y mientras me veía empujando hacia atrás. 
Hasta ese día habría discutido totalmente convencida de tener la razón, si alguien hubiera dicho que por el culo también se acababa. En realidad, yo ni siquiera pensaba que fuera normal coger por atrás. 

Pero mis teorías se fueron a la mierda cuando sin él moverse, yo solita, reculando para enterrarmela, empecé a sentir una sensación que nunca antes había sentido y de una manera diferente me acabé toda. 

Ya me la había enterrado toda yo sola, él al ver mi ojete gozándole el pijón y dándole un polvo.

Se olvidó del tamaño de su verga y que mi culito era virgen y arrancó a darme guasca sin lástima, me la enterraba hasta el tronco, la sacaba casi toda y después con otro pijazo volvía a enterrármela, aquellos vergazos soltaron mi condición de hembra y de hembra puta. 

Como él había vaticinado empecé a pedirle que me siguiera culeando, a la vez que cada vez que veía venir otro guascazo, levantaba más el culo para ensartarme la pija hasta las tripas. 

Volví a largar otro polvo, me daba vergüenza parecía una yegua haciéndome garchar el culo y gozando como estaba gozando. Cuando me la sacó antes de el acabarse, yo le había dado tres o cuatro polvos. 

Me puso la garcha en la boca y sin dudar se la empecé a chupar. 

Al principio sentí un poco de asco, mi culo no sólo le había dado leche también se la había cagado, tenía la verga con pegotes de caquita... ¡¡¡Qué  vergüenza!!!...

Hice unas arcadas, el loco se dio cuenta, gozando la mamada de una guachita tierna y habiéndome cogido el culo de la manera en que yo me lo había hecho coger, ni se inmutó por mis arcadas, y sobrándome dijo…

-Bueno guachi, después de gozarme la verga como me la gozaste con tu ojete, algún sacrificio tenés que hacer, un poco de mierda junto con la leche que te voy a largar no sera tanto problema. 

Y justo ahí empezó a soltar su leche en la boca y no me dio ni siquiera chance de apartarme a un lado. 

Ese día debuté no solo con una guasca imponente de gruesa y larga sino que por primera vez me rompieron el culo y también por primera vez me habían soltado la yegua que tenía adentro.

Además de mamársela, por primera vez me tragué toda la leche de una acabada. Mi novio no me la hacía tragar, ésa tarde con la calentura que tenía no tuve ni una sola duda y se la tragué con gusto a pesar de ser un montón de leche que me costó tragar sin que se me cayera nada afuera. 

Era tanta mi calentura, que algunos chorros de leche que tenía en la cara y hasta en los ojos, los fui juntando con los dedos y me los chupé hasta que no quedó nada.

Me dijo que me diera un baño para que no se me notara tanto que había estado garchando como loca. 

-No sabés la cara que tenés. -La verdad guachi que no me imaginé que te fueras a emputecer de esta forma. 

-Parecías una yegua me comiste la verga como muy pocas hembras me la han comido. 

-Pensé que le iba a romper el culo a una guachita calentona y resultó que sos bruta hembra...

Su comentario me hizo sentir de nuevo caliente, todavía le estaba agarrando la pija, haciéndome la chota con ganas de que me cogiera un poco la concha, bobeando y bobeando se la puse dura otra vez y tirando de su guasca lo llevé a la cama, me tiré de patas abiertas y le dije... 

-Dale hacéme acabar por la concha también. 

-Metémela toda y dame bomba…

Nunca había estado tan, pero tan caliente. Nunca había hablado de ésa manera tan puta usando palabras que nunca usaba. 

Me sentía tan puta que empecé a decir cosas que no hubiera creído que fuera a decir. 

-Dale garcháme la concha, cógeme bien cogida y no sé cómo se me salió decirle... 

-Si me la garchás bien y no te acabás te voy a dar el culo otra vez. 

Hasta hoy mantengo que mi inolvidable vergudo era un buen tipo, pues aun viendome absolutamente regalada me dijo que no, que había que parar. Que él tenía que encontrarse con unos amigos, y que ya habíamos pasado un buen rato. 

Me fui a bañar resentida, yo quería seguir cogiendo con aquel tripón de verga que tenía el tipo. 

Pero me hizo bañar y me despidió. 
Bajé en el ascensor hasta el garaje y tomé el otro subiendo a nuestro apartamento. Por suerte cuando entré vi que mis viejos no estaban así que pude relajarme tranquila tirada en la cama. 

El culo me ardía lo sentía raro, no sabía cómo estaba. 

Me levanté, fui en busca de un espejo y me metí en el baño. Con un poco de trabajo al final logré verme el culito, y quedé asombrada. 


Estaba tan desjaretado. Como no me iba a arder si me lo había desarmado a guasca. Y como había gozado. Venía a mi la imagen de la verga que me había garchado, el sonido de sus huevos rebotando en mis nalgas, la mejor prueba de que me la ensartaba hasta el fondo y que mi ojete se la comía toda. 

Mi mente recreaba la imagen de aquél pijón y mi cuerpo se estremecía todo al recordar su tamaño, el culo me hacía pucheritos recordándose ensartado hasta el tronco en aquel tremendo pedazo. 

A la vez, una voz interior

-¿En verdad había gozado tanto haciéndome partir el orto por una verga tan grande? -¿En verdad mi ojete había largado cuatro polvos hermosos mientras me estaban garchando sin lastima alguna como si fuera una puta barata?. 

Y ponía en duda las dimensiones que mi memoria le atribuía a esa verga. 

Era ella misma dividida en dos. 

Por un lado la puta que gozaba recordándome ensartada por aquél

tripón. 

Por el otro la guachita tierna asustada al verse demasiado puta, entregándole el orto a un desconocido. 

No aceptaba reconocerme tan puta, como para haber gozado como una yegua mientras me rompían el culo, tan puta que había rogado que me siguiera garchando. Que le había chupado la verga sucia y me había tragado aquella mezcla de leche de pija con la mierda que me saco. Que no había pensado ni un segundo en mi novio mientras me lo hacía desvirgar por un desconocido de la edad de mi padre ...


Mientras tomaba una coca-cola, me preguntaba sino estaba exagerando el tamaño, en busca de justificar el haber llegado a tal punto de emputecimiento, de pronto, se me encendió la lamparita, tenía la botella en mi mano, era una botella de medio litro.


Procuré empuñarla como a la verga, con las dos manos, una sobre otra, viendo cuánto sobraba hasta la punta y cuánto me faltaba para rodearla, comparándola con el largo y el grosor de la verga que me había comido por el culo... 

Y no tuve más remedio que aceptarlo, casi no había diferencia entre el tripón y la botella.

Esa era la realidad, así de gruesa y larga era la verga que me había garchado el orto, la verga que me había comido hasta el tronco, la verga que había gozado como yegua.

Pensando, pensando, ni me di cuenta y cuando quise acordar me estaba haciendo una paja...

Y saben una cosa... no me estaba pajeando la concha... mi calentura era tal que estaba metiendome tres dedos en el culo y los estaba gozando a lo bicho. 


Bueno por hoy basta. 

Espero que les haya gustado. 

Después la sigo y les cuento… Chauuu
Un Beso
Noelia
Agradezco sus comentarios y les recuerdo que si es su deseo contactarme mi email es
noeliaguachita@gmail.com
Pero Por Favor no me traten con respeto, Soy una Puta...






 









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